Puerta grande para Pedro de la Hermosa, Cristóbal Granero e Íker Rodríguez, y entrega de toda la terna.
Carlos Bueno.- Si nos ponemos exquisitos, no hubo toreo de erizar la piel en la quinta del abono de Algemesí. No hubo muletazos eternos ni temple sublime, ni siquiera un puñado de tandas largas ligadas sin enmienda. Tampoco hubo novillos que lo permitieran. Sin embargo hubo ilusión, la que despertaron algunos de los actuantes; y hubo emoción, la que provocó la entrega total de más de uno de ellos. Y al final, más allá de las orejas que quizá fueron demasiadas, el público salió satisfecho y hablando de toros, que no es poco.
Se lidió un encierro de Víctor y Marín de escasa presencia y juego dispar al que, en general, le faltó fondo. Se dejaron el segundo y el quinto, y sacó genio el sexto. Hubo un añadido de La Buitrera que saltó en primer lugar y que tuvo clase. Ante ellos, los seis chavales actuantes pusieron toda la carne en
el asador para demostrar que quieren ser toreros, sacaron toda su raza de novilleros para llegar a los tendidos con la mejor actitud, que tampoco es poco.
Pedro de la Hermosa abrió la tarde con un toreo reposado, suave y con limpieza. Le costó ajustarse al natural, pero cuando se dio cuenta de que el secreto era dejarle la muleta puesta para que repitiese, la faena tomó vuelo para que las series resultasen más largas y ligadas. Mató de estocada y fue premiado con las dos orejas.
Una se llevó Bruno Martínez, que recibió en la puerta de chiqueros a su antagonista. Inició su
labor de rodillas para, a continuación, centrarse en el toreo fundamental. Sin embargo optó por el tremendismo en la fase final para captar la atención del respetable, realizando saltos de la rana y desplantes que fueron muy jaleados. Disposición total y valor verdadero del alumno de Castellón.
En tercer lugar actuó el mexicano Marco Peláez que mostró sobrado oficio, soltura y seguridad. Se atornilló a la arena sin la mínima duda, pero el lucimiento era imposible ante un novillo muy reacio a embestir.
Gustó el concepto de Cristóbal Granero, de buen corte y sentido del temple. El alicantino imprimió gusto a un trasteo tesonero ante un astado que se fue apagando. Dejó buen ambiente y ganas de volver a verle con un animal de mayor entidad y poder.
Íker Rodríguez protagonizó un tercio de banderillas poderoso y variado antes de manejar la franela con limpieza y autoridad en un quehacer templado que fue a más gracias a que las tandas crecieron en número de pases. Atacó en la parte final con decisión y entrega calando entre el respetable.
Lo de Juan de Rocío tiene difícil explicación literaria. Se fue a portagayola para recibir una paliza severa, lo que no mermó su ánimo posterior en una faena de arrebato en la que hubo gracia y valor, ligazón y desplantes, temple y furia, pellizco y furor. Todo bajo el común denominador del abandono, del ardor y de la pasión. Todo intenso, todo sincero; y el éxtasis se hizo presente. Si llega a matar bien pone la plaza boca abajo. Cosas del aura, cosas de ese carisma que se tiene o no se tiene.
Ficha del festejo:
23 de septiembre de 2026. Algemesí, 5ª de feria. Lleno. Cinco novillos sin picar de Víctor y Marín de muy justa presentación y juego desigual. 2º colaborador, 3º desrazado, 4º deslucido, 5º a menos y 6º con genio; y uno de La Buitrera, 1º enclasado.
Pedro de la Hermosa (Guadalajara): dos orejas
Bruno Martínez (Castellón): oreja
Marco Peláez (Colmenar Viejo): silencio tras aviso
Cristóbal Granero (Alicante): dos orejas
Íker Rodríguez (Valencia): dos orejas
Juan de Rocío (Valencia): oreja