Juan de Rocío corta los máximos trofeos en la clase práctica matinal organizada por la Federación Taurina Valenciana en la feria de Algemesí. Valdelapeña lidia un extraordinario ejemplar.
Carlos Bueno.- En la alquimia ganadera dos más dos no siempre son cuatro. Demasiadas veces el resultado es impredecible e, inexplicablemente, los frutos de un mismo semental y vaca dan juegos dispares según el día, la temperatura, el viento, la arena o vaya usted a saber.
El comportamiento de cuatro de los cinco novillos lidiados en la clase práctica de Algemesí no se corresponde con el desvelo, sacrificio y empeño que Ignacio Sáez Mansilla está poniendo en su joven ganadería, Valdelapeña; cuatro ejemplares de bella estampa y nobles pero con marcada querencia a una zona muy determinada de la plaza que condicionó el lucimiento de los chavales.
Quizá al ganadero le supiese a poco el extraordinario juego que dio el lidiado en segundo lugar, un astado del que puede sentirse orgulloso. Fue éste un animal que metió la cara abajo, que se empleó y que repitió las embestidas con clase. Un arquetipo de lo que busca todo criador y que le debe cargar de motivos para insistir en su empeño.
Abrió el festejo matinal Hugo Masiá, que esperó a su antagonista a portagayola y que clavó banderillas con variedad y vistosidad. Muleta en mano se mostró muy firme y dispuesto, pero el burel acabó rajándose y no le dejó redondear su actuación.
Íker Rodríguez compartió banderillas con el matador local Nek Romero y, a continuación, inició su faena con un cambiado por la espalda para continuar con el toreo fundamental muy atornillado a la arena, con autoridad y seguridad. Se ajustó en las bernadinas finales y recibió una fuerte voltereta.
Poco pareció importarle a Juan de Rocío que su novillo se aquerenciara en tablas, porque a base de tesón consiguió robarle un manojo de muletazos ligados con ritmo y un par de circulares invertidos completos. Dejó atisbos de enjundia gitana y, después de varios desplantes muy jaleados, su parroquia le premió su actitud con los máximos trofeos.
El cuarto de la mañana se defendió sin pasar en terrenos de adentro. Así, Víctor Roig sólo pudo dejar entrever su concepto clásico y puro. No tuvo la mínima opción de lucimiento, pero su disposición y buen corte fueron evidentes.
Cerró festejo Álex Casas que manejó el capote con variedad y decisión. Inició su labor de muleta con un puñado de ayudados muy toreros y después se ajustó buscando la ligazón. A pesar de la escasa colaboración de su antagonista, intentó no acelerarse y buscar la suavidad.
Al finalizar la función, la Federación Taurina Valenciana declaró triunfador a Juan de Rocío, y el matador local Nek Romero le regaló un traje corto.
Ficha del festejo:
20 de septiembre de 2026, matinal. Algemesí. Clase práctica con erales de Valdelapeña de correcta presentación, nobles y deslucidos, de los que sobresalió el excelente segundo.
Hugo Masiá: ovación.
Íker Rodríguez: dos orejas.
Juan de Rocío: dos orejas y rabo.
Víctor Roig: ovación.
Álex Casas: oreja.